Guterres pide el cese inmediato de la violencia en el noroeste de Siria

24 Diciembre 2019

Decenas de miles de personas huyen de los bombardeos para intentar salvar sus vidas, las personas de por sí desplazadas son obligadas a moverse de nuevo mientras enfrentan el frío y la desesperación en campamentos improvisados. La ayuda humanitaria ha tenido que suspenderse en algunos lugares por las condiciones de seguridad y los niños se llevan la peor parte.

El Secretario General de la ONU pidió un cese inmediato de las hostilidades en el noroeste de Siria y expresó su profunda preocupación por la escalada militar.

António Guterres aseguró en un comunicado que está alarmado por la magnitud de la operación militar y reportó ataques en las rutas de evacuación mientras que los civiles intentaban huir hacia el norte a un lugar seguro.

Guterres recordó a todas las partes sus obligaciones de proteger a los civiles y de garantizar la libertad de circulación.

“La reciente escalada militar ha provocado decenas de víctimas civiles y el desplazamiento de al menos 80.000 civiles, 30.000 solo en la última semana. Debe garantizarse el acceso humanitario sostenido, sin trabas y seguro a los civiles, incluso a través de la modalidad transfronteriza, para permitir que las Naciones Unidas y sus socios humanitarios continúen llevando a cabo su labor crítica en el norte de Siria”, dijo en un comunicado difundido por su portavoz.

El titular de la ONU reiteró que no hay una solución militar al conflicto sirio. “La única solución creíble es un proceso político facilitado por la ONU de conformidad con la resolución 2254 (2015) del Consejo de Seguridad”, concluyó.

© UNICEF/Saad
Niños resguardándose del frío en un campamento improvisado en Killi, Siria, cerca de la frontera con Turquía.

La peor parte la sufren los niños

“Los niños están sufriendo la peor parte de la escalada de la violencia en el noroeste de Siria. Más de 500 menores resultaron heridos o asesinados en los primeros nueve meses de 2019, y al menos 65 fueron asesinados o heridos solo en el mes de diciembre”, informó Ted Chaiban, director regional de UNICEF para Medio Oriente y África del Norte.

Chaiban señaló en un comunicado que la violencia reciente en áreas densamente pobladas de Ma’arat An-Nu’man, al sur de la ciudad de Idlib, ha empujado a miles de familias a huir hacia el norte. Desde el 11 de diciembre, más de 130.000 personas, entre ellas más de 60.000 niños, han sido desplazadas del sur de Idlib, el norte de Hama y el oeste de Alepo debido a la intensificación de los combates.

 “Estos desplazamientos están agregando presión sobre las generosas comunidades de acogida y los campamentos superpoblados. Muchas familias todavía no tienen refugio y están durmiendo a la intemperie”, indicó.

Agregó que además el aumento de la violencia y el desplazamiento se produce cuando las temperaturas están cayendo en la región, que registra inundaciones y lluvia helada. Los niños que viven en campamentos u otros alojamientos mal aislados están exhaustos por los múltiples desplazamientos y particularmente expuestos al frío, enfermedades y, en casos extremos, la muerte.

 “El acceso humanitario debe mantenerse para proporcionar asistencia vital a cientos de miles de niños en todo el noroeste y otras zonas de Siria. Nueve años después de que inició la guerra, los niños sirios continúan experimentando violencia, trauma y angustia indescriptibles”, declaró.

Chaiban recordó que los niños siempre deben estar protegidos, incluso en tiempos de conflicto.

 “Esta es una obligación, no una elección, para todas las partes en conflicto”, dijo, haciendo un llamado a los actores del conflicto a cesar las hostilidades y pensar en los niños primero “de una vez por todas”.

PMA
Infraestructura destruida en Idlib, Siria.

Crisis humanitaria

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), aseguró que las condiciones humanitarias están de mal en peor para los 4 millones de mujeres, niños y hombres que viven en el área del conflicto.

Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), se reportaron más de 1300 muertes entre el 29 de abril y el 12 de diciembre.

En los pasados siete meses, los enfrentamientos, los bombardeos y los ataques aéreos, que incluyen el uso de bombas de barril, han tenido un efecto devastador en las personas y la infraestructura civil crítica en el área, dañando escuelas, hospitales y más, al tiempo que obstaculizan las operaciones de ayuda humanitaria y encarecen la comida. Ciudades y pueblos enteros han sido arrasados, mientras que decenas de comunidades han sido vaciadas. Los residentes en áreas controladas por el gobierno han sido afectados con fuego indiscriminado.

Varios actores humanitarios han debido suspender las operaciones en el sur de Idlib, mientras que otros están considerando esta opción si la inseguridad persiste o se deteriora aún más.

Muchas de estas personas vulnerables que ahora están en movimiento informaron que no han comido ni dormido durante días debido a los ataques aéreos y bombardeos sostenidos, y que necesitan urgentemente apoyo humanitario, incluyendo refugio, alimentos, salud y asistencia no alimentaria e invernal.

UNICEF/Delil Souleimain
Familias que huyen de la escalada de violencia en el noreste de Siria llegan a Tal Tamar,una pequeña ciudad en el oeste de la provincia de al-Hasakah.

Condiciones extremas

La caída de las temperaturas, algunas noches llegando cero grados o menos, y las fuertes lluvias han agravado el problema, aumentando los riesgos para la salud y la necesidad de protección. Desde principios de diciembre, las precipitaciones han provocado inundaciones, bloqueando varias carreteras y afectando numerosos campamentos y asentamientos de desplazados internos, destruyendo y dañando tiendas de campaña e impactando directamente a miles de familias vulnerables, sin mencionar la interrupción de las actividades humanitarias.

Mientras tanto, la escasez de combustible se ha convertido en un desafío clave, ya que el suministro de petróleo desde el noreste de Siria es muy limitado desde principios de octubre. Las consecuencias son nefastas para el transporte y la agricultura, así como para operar los generadores necesarios para los hospitales, panaderías y escuelas, así como para cocinar y calentar.

El combustible importado es la única opción disponible, y el suministro reducido, junto con la creciente demanda de calefacción, ha resultado en un aumento sustancial de los precios. En enero de 2019, el salario mensual promedio de un trabajador podía comprar combustible para la calefacción de 59 noches, mientras que el mismo trabajador hoy solo podría pagar la de 21 noches.

En algunos campamentos de desplazados internos, los residentes están juntando sus recursos para calentar una sola tienda de campaña y mantener a todos los niños protegidos del frío durante la noche. Algunos han recurrido a quemar todo lo que pueden encontrar, como ropa vieja, mantas y llantas.

La situación humanitaria se agrava aún más por el rápido descenso de la libra siria, que se debilitó frente al dólar estadounidense aproximadamente un 80% durante el último año, pasando de 495 por dólar en diciembre de 2018 a 900 por dólar en diciembre de 2019.

La erosión del poder adquisitivo de las personas en toda la región tiene un efecto demoledor en la población civil, ya que hace que los bienes y servicios esenciales sean inalcanzables, aumentando la vulnerabilidad y los niveles de pobreza. El posible impacto humanitario de la inflación y el colapso de la libra también se extiende a la calidad de la salud, la educación y otros servicios que los actores humanitarios pueden ofrecer.

 

 

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