Tener trabajo no siempre garantiza unas condiciones dignas de vida

13 Febrero 2019

El principal problema que arrastra en estos momentos el mercado laboral es la generalización del empleo de mala calidad. Esta adversidad afecta a millones de personas que han de aceptar condiciones laborales deficientes, según destaca un nuevo informe publicado este miércoles.

“Estos trabajos tienden a ser informales y se caracterizan por un salario bajo, inseguridad y poca o inexistente protección social y derechos laborales”, explicaba en rueda de prensa en Ginebra, la directora general adjunta de políticas de la Organización, Deborah Greenfield.

El estudio sobre Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Tendencias 2019 indica que durante el año pasado “la mayoría” de los 3300 millones de personas ocupadas carecían de la suficiente “seguridad económica, bienestar material e igualdad de oportunidades”, y añade, que los progresos en la disminución de desempleo a nivel mundial no evidencian “una mejora de la calidad del trabajo”.

Lo resumía en pocas palabras el director del departamento de investigaciones de la Organización Internacional del Trabajo, Damian Grimshaw, “tener empleo no siempre garantiza unas condiciones de vida dignas”. Grimshaw añadió que hay 700 millones de personas que viven en condiciones de pobreza extrema pese a tener trabajo.

“La cuarta parte de las personas empleadas en países de rentas medias y bajas no ganaron lo suficiente para escapar de la pobreza moderada o extrema. En los de rentas bajas incluso crece el número de trabajadores pobres porque el crecimiento de la fuerza laboral supera la creación de puestos de trabajo pagados dignamente”, destaca Greenfield.

La publicación también alerta que de continuar los actuales déficits de trabajo decente  muchos países no podrán conseguir el Objetivo de Desarrollo Sostenible  número ocho sobre trabajo decente para todos y crecimiento económico.

De no producirse esa conjunción, “se corre el riesgo” de que los nuevos modelos empresariales, como los producidos por las nuevas tecnologías, minen los logros conseguidos en materia de formalidad y seguridad laboral, protección social y regulaciones laborales.

El informe señala a los encargados de formular políticas como los responsables de tratar estas cuestiones.

“Además el actual progreso en la reducción de trabajo infantil es demasiado lenta para conseguir la eliminación de esa lacra para el año 2025, y las tasas laborales en cuanto a lesiones mortales y no mortales son muy altas en muchos países, especialmente en el caso de los hombres”, subraya Greenfield.

La brecha no se cierra…

Otro de los puntos relevantes del estudio se produce en materia de género al señalar la falta de avances en la reducción de la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres.

Mientras el porcentaje de participación femenina en el mercado laboral fue de un 48% en 2018, su contraparte masculina se situaba en un 75%. Así, alrededor de tres de cada cinco integrantes de los 3500 millones de trabajadores de los que se compone la fuerza de trabajo mundial eran hombres. 

… y la informalidad crece desmesuradamente

La amplia diseminación del empleo informal es otra de las tendencias preocupantes ya que afecta a 2000 millones de trabajadores, una cifra que representa al 61% de la población activa mundial.

Este dato negativo se ve complementado con otro de la misma tendencia: más de uno de cada cinco jóvenes menores de 25 años ni trabaja, ni estudia ni recibe ningún tipo de formación.

En el lado positivo de la balanza, la OIT pronostica una disminución del desempleo en muchos países, si se consigue eludir la desaceleración económica.

Del mismo modo, señala que durante los últimos treinta años se consiguió una fuerte disminución de la pobreza laboral, especialmente en países de ingresos medios, y un aumento del número de estudiantes o personas que reciben capacitación.    

Más de 170 millones de desempleados

La OIT, que este año cumple sus cien años de vida , calcula que en 2018 había unos 172 millones de desempleados en el mundo que supusieron una tasa de desempleo del 5%. Las previsiones del organismo apuntan a que ese porcentaje debería mantenerse a un nivel similar durante los dos próximos años. 

De cumplirse sus pronósticos, el aumento de la población activa hará que aumente el número de desempleados a un ritmo de un millón de personas por año, llegando a los 174 millones de desocupados el año 2020. 

La región no mejora

Las perspectivas laborales continúan sin ser favorables para América Latina y el Caribe.

Las previsiones apuntan a un leve aumento del empleo de un 1,4% durante los dos próximos años, “pese al repunte del crecimiento económico”.

La OIT destaca que la disminución “relativamente lenta” del desempleo regional es debido a las diversas coyunturas del mercado laboral en cada país y que “la informalidad y la mala calidad del trabajo siguen siendo generalizadas en todo tipo de empleo”. 

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