Bolivia: FAO entrega resultados positivos de programa contra deforestación

4 Abril 2006

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) presentó hoy un balance positivo del proyecto de desarrollo forestal sostenible que implementó hace diez años en el trópico boliviano con el objetivo de involucrar a la población local en la explotación responsable de los recursos del bosque, frenar la deforestación y fomentar cultivos alternativos a la coca.

El proyecto “Jatun Sach’a”, que en quechua significa “árbol grande”, fue lanzado en la región del Trópico de Cochabamba y más tarde, en el años 2000, en los Yungas de La Paz, donde han participado cerca de 11.000 familias.

“Después de una década de esfuerzo podemos decir que el desarrollo forestal correctamente enfocado, que aparte del manejo de bosque incluye la implementación de sistemas agroforestales, contribuye a mejorar la calidad de vida de las poblaciones rurales, con un aumento de la seguridad alimentaria en estas regiones”, dijo Gerard Raessens, asesor técnico principal del proyecto.

Raessens subrayó que el Proyecto Jatun Sach’a ha sido financiado por Alemania, Austria, Italia, Gran Bretaña, Irlanda del Norte, Suecia, Estados Unidos y Bolivia. La Oficina de Naciones Unidas contra la droga y el delito (UNODC) canalizó los recursos y el proyecto fue ejecutado por la FAO, en estrecha coordinación con el Viceministerio de Desarrollo Alternativo de Bolivia.

La inversión total hasta diciembre 2005 alcanzó más de 22 millones de dólares, fondos que han sido destinados a promover el manejo y uso sostenible de los recursos naturales en las dos áreas de trabajo del proyecto. “Los resultados e impactos comprobados arrogaron como resultado adicional la aprobación de un nuevo proyecto, iniciado en principios de 2006, con una duración de cuatro años”, explicó Raessens.

Durante los últimos cuarenta años el Trópico de Cochabamba ha sido una de las regiones bolivianas que ha recibido una mayor inmigración, sobre todo de campesinos del Altiplano y los Valles, acuciados por la depreciación de la producción minera y la escasez de tierras cultivables. Si en 1967 había 54 colonias en la región (cada una formada por entre cuarenta y sesenta familias) en 1990 se estimaba que el número de colonias se acercaba a las 400.

Para cultivar los colonos habitualmente quemaban los bosques primarios para habilitar terrenos para uso agrícola, lo que se denomina un “chaco”. Las cenizas producidas fertilizan los suelos para las primeras siembras. Se plantaban arroz, yuca y maíz, que permitían a la familia subsistir.

El “chaqueo” es sin embargo una práctica destructiva, porque se eliminan especies forestales y arbustos sin posibilidad de regeneración, al igual que desaparece la fauna y la flora y se contaminan las aguas y la atmósfera. Los suelos terminan por empobrecerse, al desaparecer los microorganismos que fijan los nutrientes.

Para los colonos recién llegados, asentados en zonas remotas e incomunicadas, la producción de coca ofrecía numerosas ventajas: es un producto liviano que podía ser transportado por senderos, requiere pocos cuidados y produce hasta cuatro cosechas anuales. El narcotráfico alentó el cultivo de coca en el Trópico de Cochabamba, que durante los años ochenta y noventa fue la mayor zona productora en Bolivia.

Por ello la estrategia principal de Jatun Sach’a fue ofrecer a las familias campesinas alternativas al cultivo de coca y la agricultura de subsistencia. Al mismo tiempo se pretendía hacer frente a los dos principales impactos que produce la presencia humana en los ecosistemas tropicales: la deforestación y el agotamiento de los suelos.

Entre los cultivos agroforestales que permiten diversificar la producción y obtener ingresos sostenibles se seleccionaron básicamente el café, achiote, camu-camu, cacao y el caucho. Todos ellos tienen la ventaja de que no son perecederos, sus plantas ayudan en la conservación de los suelos, y sus frutos se pueden transportar fácilmente y tienen precios interesantes en volúmenes pequeños.

El proyecto también promovió actividades de floricultura, con la producción de flores exóticas y plantas ornamentales y la apicultura. Para la conservación de los suelos se introdujo el uso de coberturas leguminosas como parte del sistema agroforestal.

 

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