23 Marzo 2018

Tras el devastador paso de los huracanes Irma y María por el Caribe Oriental, UNICEF emprendió un innovador sistema para ayudar a los niños y las familias necesitados: las transferencias de efectivo, que permiten cubrir las necesidades más urgentes. 

Un claro ejemplo del funcionamiento de este programa se da en la isla de Dominica, donde beneficia a más de ocho mil familias que reciben entre 90 y 239 dólares, según el número de menores por hogar. Esta iniciativa liderada por el Gobierno dominiqués cuenta con el apoyo de el Fondo de la ONU para la Infancia y el Programa Mundial de Alimentos.

En el programa participan familias que han de cuidar de menores o personas mayores y carecen de recursos o ingresos regulares. El dinero se destina normalmente a la compra de comida, ropa, productos de higiene y al pago de la vivienda temporal.

Douglas Reymer, asesor regional de emergencias del Fondo para la Infancia, calificó el sistema de transferencias de efectivo como innovador para las Naciones Unidas, la comunidad internacional y particularmente para Dominica.

“El refuerzo y el apoyo al sistema de protección social a través de las transferencias de bonos sociales a los niños y sus familias ha sido una labor importantísima para proveer directamente a las familias el apoyo necesario para que retomaran sus vidas, para que compraran lo esencial. Al mismo tiempo, ha fortalecido el sistema de la propia isla, o sea, el sistema local de protección social. Yo creo que este es un modelo que UNICEF puede repetir en otros lugares. Es un modelo que a la vez que apoya a las familias refuerza el sistema nacional para ese y futuros eventos y desastres”.

La prestación de apoyo psicosocial y de integración en las escuelas ha sido otro de los programas más importantes llevados a cabo por UNICEF en el Caribe Oriental. Solo en Dominica, casi 10.000 niños se han beneficiado de estas ayudas junto con el disfrute de actividades lúdicas y espacios seguros. 

 

Vista aérea de la devastación en Dominica tras el paso del huracán Maria. Foto: ONU / Rick Bajornas

Irma y María a seis meses vista

Los huracanes Irma y María afectaron a casi un millón y medio de personas, entre ellas más de 350.000 niños, el pasado mes de septiembre.

Los meteoros de categoría cinco, el máximo que registra la escala de medición Saffir-Simson, causaron graves pérdidas humanas y materiales en Islas como Anguila, Antigua y Barbuda, Cuba, Dominica, Haití, o las Turcas y Caicos.

La respuesta inicial de UNICEF priorizó garantizar el acceso al agua potable y la higiene, la protección de los menores, el apoyo psicosocial y la continuidad de la educación en espacios seguros.

No obstante, seis meses más tarde de ese desastre se han producido grandes avances, aunque todavía queda pendiente una gran labor de reconstrucción, especialmente de infraestructuras y abastecimiento de agua y saneamiento en alguna de las islas, destacó Reymer.

“Vemos en casi todas las islas que la mayoría de los niños están nuevamente tomando clases, que hay muy pocas familias que siguen viviendo en refugios o en escuelas como refugios temporales. En los temas de agua y saneamiento un buen porcentaje de la población ya tiene nuevamente abastecimiento de agua. Pero dicho todo esto, hay obviamente brechas muy importantes en la reconstrucción de infraestructura en una isla como Dominica, donde el 90% o más de las estructuras fueron dañadas, o en Barbuda o en Anguila”.

En vista del inicio de la próxima temporada de huracanes, previsto para el  1 de junio, destacó que UNICEF ya ha empezado las tareas de preparación ante los posibles daños que puedan ocasionar. 

“Implica por ejemplo asegurar el pre-posicionamiento de suministros de primera necesidad en diferentes islas estratégicas en el Caribe y alrededores, implica el fortalecimiento de las capacidades y de entrenamiento, tanto de nuestro personal como gubernamental. Fortalecimiento y entrenamiento de nuevos cuerpos de apoyo psicosocial. También estamos trabajando en esfuerzos de largo plazo para asegurar que la reconstrucción de los edificios, y en particular el de las escuelas, sean más seguras, con planes de evacuación, con planes de respuesta, y que la estructura física y social de la escuela sea más fuerte y más resistente a las emergencias y los desastres”.  

Todas estas acciones no se hubieran podido llevar a cabo sin el apoyo de la comunidad internacional, que financió casi un 60 % de los veinte millones de dólares solicitados por UNICEF tras el paso de los dos huracanes.

A pesar de ello, Reymer considera que esta cantidad todavía deja una brecha importante en la respuesta a la reconstrucción y rehabilitación de infraestructuras  y en los programas sociales y educativos.

“No habría nada peor que las comunidades que no han podido reconstruir, o los alojamientos todavía temporales, sean golpeadas y no estén listas para una nueva temporada de inundaciones y huracanes. Así que esperemos que todavía haya contribuciones adicionales a estos esfuerzos en el Caribe, tanto de recuperación como de preparación para futuros eventos”.

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