Acusado de destruir monumentos en Timbuktú se declara culpable ante la CPI

22 Agosto 2016

Ahmad Al Faqi Al Mahdi, el primer individuo acusado de crímenes de guerra por la destrucción de edificios religiosos y monumentos históricos, en su caso, en la ciudad de Timbuktú, en Mali, se declaró culpable hoy ante la Corte Penal Internacional (CPI).

En la sesión de apertura del primer juicio en la historia de la CPI por cargos de ataques al patrimonio cultural, Al Mahdi, presunto integrante de la agrupación extremista Ansar Al Din, reconoció haber destruido o participado en la destrucción de nueve mausoleos y la mezquita y madraza de Sidi Yahya, erigidas en el siglo XV, en agresiones cometidas entre el 30 de junio y el 11 de julio de 2012.

“Señoras y señores, con gran arrepentimiento y dolor tengo que declararme culpable de todos los cargos que se me imputan. Son todos precisos y correctos. Lamento mucho, tengo remordimiento y me arrepiento de todo el daño que han causado mis acciones”, dijo Al Mahdi ante el tribunal de La Haya.

El acusado también dijo arrepentirse del sufrimiento que causó a su familia y su comunidad en Timbuktú, así como a su país, Mali, y a la comunidad internacional en su conjunto.

Al Mahdi fue entregado a la CPI en septiembre de 2015 por las autoridades de Níger y en marzo pasado, la fiscal de la Corte, Fatou Bensouda, confirmó las acusaciones en su contra, que incluyen haber liderado los ataques a los monumentos.

Bensouda ha subrayado la importancia de este juicio, el primero en su tipo, afirmando que representa un paso importante en la lucha contra la impunidad no sólo en Mali, sino en todos los sitios donde se registren esta clase de atropellos.

Al término del juicio, Al Mahdi podría recibir una condena de hasta 30 años en prisión.

El Secretario General de la ONU acogió con beneplácito la celebración del juicio a Al Mahdi, destacando el carácter histórico del proceso.

En un comunicado, Ban Ki-moon se refirió con preocupación a la creciente tendencia a la destrucción deliberada de patrimonio cultural en los conflictos armados.

“Esos ataques representan un asalto vil a la dignidad e identidad de poblaciones enteras, de sus raíces históricas y religiosas”, apuntó Ban, e instó a la CPI a redoblar los esfuerzos por garantizar la justicia internacional y la rendición de cuentas.

 

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