OIT reporta trata y explotación de inmigrantes chinos en Francia

16 Agosto 2005

Según un estudio divulgado hoy por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hay en Francia unos 50.000 ciudadanos chinos clandestinos que constituyen una presa fácil para la explotación mediante el trabajo forzoso.

Con los profundos cambios económicos y sociales registrados en China, en los diez últimos años el movimiento no ha hecho más que ampliarse y actualmente se calcula que llegan a París unos 6.000 ciudadanos chinos cada año.

Víctimas de la trata y al término de un viaje peligroso por países de tránsito donde quedan expuestos a timos, actos de violencia y a veces a la muerte, los migrantes acaban entrando inexorablemente en una economía étnica paralela en la que luego quedan presos durante años, esencialmente en el sector de la confección y la restauración, señaló la OIT.

En el informe se reflejan los relatos que los migrantes chinos dieron de esta vida invisible.

Los datos del estudio indican que tres cuartas partes de los chinos que entraron ilegalmente a Francia tienen una deuda de entre 12.000 y 20.000 euros con quien los introdujo al país europeo.

Gao Yun, jurista en la OIT y coautora del informe, apuntó que “las más de las veces, el traficante confisca los documentos de identidad de estos inmigrantes y se los entrega a sus empleadores que, a su vez, le abonan el salario directamente para que se cobre la deuda”.

Una vez atrapados en esta dinámica, los inmigrantes tardarán entre dos y diez años en saldar sus deudas, y así entran en una red étnica de economía subterránea de contornos difuminados en la que ellos mismos procuran pasar inadvertidos, temerosos de que se les detenga.

En los talleres de confección y los restaurantes del barrio chino de París son frecuentes las jornadas de 15 a 18 horas por un retribución de entre 300 a 500 euros, un 40% de la cual queda confiscado por los patronos, que incluso después de haberse cobrado su crédito chantajean a estos inmigrantes con la amenaza de despedirles si no aceptan las condiciones de trabajo que les imponen.

A lo arduo de estas tareas hay que sumar el aislamiento en que viven. En el estudio se apunta que los migrantes piden poca asistencia a la sociedad de acogida. Los inspectores del trabajo observan que, contrariamente a los migrantes de las demás nacionalidades, los chinos no les someten casi nunca quejas respecto de sus condiciones de trabajo. Quizá ello se deba en parte a la barrera lingüística, pero desde luego también influye el temor a ser interpelados y a verse obligados a volver a China.

Para combatir este fenómeno de explotación, la OIT formula varias recomendaciones, entre las que destaca la de fomentar la colaboración transfronteriza, la cooperación entre los interlocutores del mercado de trabajo, los inspectores del trabajo y los servicios responsables de velar por la aplicación de la ley.

 

Para estar informado de la actualidad internacional, subscríbete a nuestro boletín
Descarga nuestra aplicación Noticias ONU para IOS o Android devices.