Mirada global Historias humanas

El clima y el COVID-19 cuadriplican el número de centroamericanos que pasan hambre

María Santos Pérez trabaja en un proyecto de conservación de suelos como parte del Programa de Resiliencia y Cambio Climático del PMA en El Salvador. María agradece el dinero que recibe del PMA por su trabajo agrícola, que le permite comprar una variedad de alimentos para complementar las verduras que cultiva a través del programa. El acceso a nuevos y variados grupos de alimentos como frutas, carnes, lácteos y pescado permite a su familia de tres mejorar su nutrición... En el marco del Programa de Resiliencia y Cambio Climático en El Salvador, el PMA proporciona capacitación agrícola en la comunidad de Calavera, fortaleciendo la resiliencia de los 163 hogares involucrados. La principal fuente de ingresos en la comunidad proviene de la agricultura de subsistencia; sin embargo, el suelo en la zona es de mala calidad... Para mejorar esto, el PMA facilitó capacitaciones en conservación de suelos y proporcionó a todos los beneficiarios sistemas de riego, lo que les permite tener producción de cultivos durante todo el año. Los beneficiarios notaron mejoras en sus tierras debido a la conservación de suelos, que ha mejorado la infiltración de agua, las zanjas de ladera y disminuido la erosión... Los beneficiarios también participaron en capacitaciones prácticas, aprendiendo a cultivar verduras en un área de 400 metros cuadrados por beneficiario. Ahora las familias tienen acceso a una gama mucho más diversa de alimentos (tomates, pimientos dulces, berenjenas, judías verdes, pipián, calabaza y cilantro) y pueden obtener ingresos vendiendo el excedente a las comunidades vecinas. Los beneficiarios reciben vales del PMA por su participación en el programa, que canjean por dinero en efectivo en bancos locales y utilizan para comprar alimentos para sus familias.
WFP/Rein Skullerud Mujeres que trabajan en un programa de conservación del suelo del Programa Mundial de Alimentos en El Salvador

El clima y el COVID-19 cuadriplican el número de centroamericanos que pasan hambre

Cambio climático y medioambiente

La sequía, dos huracanes, y el COVID-19 tienen a miles de familias sumidas en el hambre en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. “A veces nos vamos a dormir solo con un trago de café”, cuenta una madre hondureña que se quedó sin trabajo por la pandemia e intentó migrar fallidamente para ofrecerle un mejor futuro a sus hijos. 

El número de personas que pasan hambre en Centroamérica se ha multiplicado casi por cuatro en los últimos dos años, alerta el Programa Mundial de Alimentos que asegura que 1,7 millones de personas necesitan ayuda urgentemente.

La crisis económica causada por el COVID-19 y años de eventos climáticos extremos han hecho que ocho millones de personas en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua pasen hambre, frente a los 2,2 millones de 2018.

La temporada récord de huracanes en el Atlántico de 2020 asestó un duro golpe a millones de personas que antes no pasaban hambre, pero que dependían de la economía de servicios, el turismo y los empleos informales. 

Con sus casas y granjas destruidas, cada vez menos reservas de alimentos y menos oportunidades de encontrar empleo, casi un 15% de los encuestados por el Programa en enero dijeron que estaban haciendo planes concretos para migrar.

“Considerando el nivel de destrucción y retrocesos que enfrentan las personas afectadas, anticipamos que esta recuperación será larga y lenta. 2020 fue un año para el olvido en todo el mundo, y aún más para las comunidades de Centroamérica que recibieron una serie de golpes, dijo en un comunicado Miguel Barreto, director regional del Programa para América Latina y el Caribe

Un niño come en un pupitre escolar en San Salvador, El Salvador, en medio del confinamiento y los daños causados ​​por la tormenta tropical.
PMA/David Fernandez Estas niñas salvadoreñas eran beneficiarias de los almuerzos escolares. Ahora esas raciones de alimentos se preparan para que los niños se los lleven a sus casas.

Una grave situación

Marlene Rosales, una mujer hondureña, decidió emigrar después de que ella y su marido se quedaran sin trabajo y tras el paso de los huracanes. Se unieron a una caravana que fue bloqueada en Guatemala y obligada a retornar. 

“Se nos enfermaban los niños y estábamos sin un peso. Por eso decidimos irnos, porque queríamos terminar la casa, comprarle algo mejor a los niños, comprarles camas, tener un buen trabajo, una vida diferente. Pero, lastimosamente, no pudimos pasar”, cuenta entre lágrimas. 

La madre dice que ha sobrevivido gracias a las raciones de alimentos entregados por el Programa.

“Antes hacía pastelitos, ahora me ha tocado hasta vender leña, hacer lo que pueda por mis hijos. Voy al monte, busco hierbas y les cocino con eso, o a veces nos ha tocado dormir solo con un trago de café (…) Nunca he perdido las esperanzas de tener una buena casa, de que mis hijos estudien y de salir adelante”, cuenta.

Los huracanes destruyeron más de 200.000 hectáreas de alimentos básicos y cultivos comerciales en cuatro países y más de 10.000 hectáreas de tierras de cultivo de café en Honduras y Nicaragua. Los huracanes golpearon cuando estas comunidades ya estaban lidiando con la pérdida de empleos y una economía en contracción, una consecuencia del COVID-19.

Las encuestas del Programa estiman que la seguridad alimentaria en Centroamérica se desplomó como resultado de la pandemia. El número de hogares que no tenían suficiente para comer casi se duplicó en Guatemala en comparación con los números previos al COVID-19. En Honduras, aumentó en más del 50%. Una abrumadora mayoría de hogares en Honduras, Guatemala y El Salvador reportaron pérdidas de ingresos o desempleo durante la pandemia.

“Las comunidades urbanas y rurales de Centroamérica han tocado fondo. La crisis económica provocada por la COVID-19 ya había puesto los alimentos en los estantes de las tiendas fuera del alcance de las personas más vulnerables para cuando los huracanes Eta e Iota los azotaron. Muchos ahora no tienen dónde vivir y se quedan en refugios temporales, sobreviviendo con casi nada”, agregó Barreto.

Una mujer con mascarilla camina por un camino inundado y embarrado en El Salvador, pisando un bloque de hormigón. Al fondo, se aprecian una excavadora amarilla y cinta policial amarilla en la zona de un deslizamiento de tierra.
WFP/Mauricio Martinez Una mujer camina en El Salvador en medio de los daños causados por la tormenta tropical Amanda en mayo.

Golpeados por la emergencia climática

Las comunidades de Centroamérica han llevado la peor parte de una emergencia climática, en donde años consecutivos de sequía y un clima errático han interrumpido la producción de alimentos, especialmente del maíz y los frijoles, que dependen en gran medida de las lluvias regulares.

El Programa Mundial de Alimentos hizo un llamado a la comunidad internacional para que apoye sus esfuerzos en Centroamérica para brindar asistencia humanitaria urgente e invertir en proyectos de desarrollo a largo plazo y en programas nacionales de protección social que ayuden a las comunidades vulnerables a hacerse resilientes a los fenómenos meteorológicos extremos y a las crisis económicas recurrentes.

La agencia tiene previsto ayudar a 2,6 millones de personas en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua en 2021 y requiere 47,3 millones de dólares durante los próximos seis meses.