25 Febrero 2020

Países como España, que ha sufrido poderosas tormentas que han destruido puentes, carreteras, vías ferroviarias y visto pueblos enteros sumergidos, son el ejemplo de cómo el cambio climático puede dejarnos sin transporte. Un nuevo estudio hecho para la región europea y Canadá pone de relieve la importancia de adaptar la infraestructura a la mayor amenaza del siglo XXI.

La infraestructura de transporte como carreteras, vías ferroviarias, puertos, aeropuertos y canales navegables, enfrentan una amenaza sin precedentes debido al cambio climático, afirma un nuevo estudio de La Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE).

La Comisión pone como ejemplo a España, país que acaba de sufrir las tormentas más poderosas experimentadas en décadas, destruyendo puentes, cortando carreteras y líneas de ferrocarril y sumergiendo pueblos enteros en áreas costeras; y al Reino Unido, cuyas pérdidas causadas por inundaciones podrían aumentar de 50 millones de libras esterlinas a 500 millones para la década del 2040.

En general, en la Unión Europea, los costos para la protección de puentes contra inundaciones futuras se estiman en más de 500 millones de euros anuales.

La UNECE afirma que, aun así, la adaptación de los sistemas de transporte a los crecientes riesgos climáticos ha recibido hasta ahora una atención relativamente baja, por lo que ha decidido lanzar el estudio que mapea áreas clave de las principales redes y nodos de transporte terrestre en Europa y Canadá, donde el cambio climático podría ser más peligroso.

Cuatro amenazas a la infraestructura

Según la comisión, la mayor parte de la infraestructura de la región fue diseñada para el clima del siglo XX y ha estado sujeta a baja inversión pública en las últimas décadas, por lo que los mapas digitales desarrollados en la investigación pueden ayudar a priorizar los esfuerzos claves de adaptación a los cuatro potenciales riesgos: las inundaciones y tormentas, el aumento del nivel del mar, el aumento de las temperaturas, y el derretimiento del permafrost.

PNUD Ukrania
Trabajadores asfaltando una carretera en Ukrania.

• Inundaciones por altas precipitaciones y tormentas extremas

La infraestructura vial y aeroportuaria, ferrocarril y vías navegables están en riesgo de deslizamientos de tierra y otras fallas relacionadas con los impactos de las lluvias y las tormentas.

Las áreas en mayor peligro de la región son aquellas más pobladas y económicamente desarrolladas en las cuencas medias y bajas de los principales ríos europeos, por ejemplo, el Danubio, el Rin, Elba, Po, Dnieper, y los Ríos Don y Volga.

Las redes de transporte clave, que probablemente se verán afectadas en Canadá, se encuentran en la costa de Columbia Británica, incluidos Vancouver y Prince Rupert, que son las principales puertas de entrada a Asia, y en el este del país norteamericano.

• Aumento del nivel del mar y mayor actividad de las olas

El aumento del nivel del mar y una mayor actividad de las olas que causan erosión ponen en riesgo la infraestructura vital de transporte costero, es decir, carreteras costeras, ferrocarriles, puertos marítimos y aeropuertos.

Más del 60% de los puertos marítimos de la Unión Europea pueden estar bajo un alto riesgo de inundación para 2100, causando interrupciones en las operaciones y daños a la infraestructura portuaria y a los buques, especialmente a lo largo de la costa del Mar del Norte, donde el tráfico de más de 500 puertos representa hasta el 15% del transporte de carga mundial.

Se prevé que el aumento del nivel del mar y la mayor movilidad del hielo marino en verano afecten a toda la costa norte y ártica de la región.

• Aumento de las temperaturas

El aumento de las temperaturas relacionado con el aumento de las olas de calor y los veranos más secos y calurosos afectará las carreteras, donde los daños en el pavimento, los daños a los puentes y el aumento de deslizamientos de tierra en las zonas montañosas se encuentran entre los riesgos clave.

Las áreas consideradas particularmente dignas de un análisis más detallado incluyen las carreteras electrónicas en el sur de Europa (sureste de Francia, Italia, los Balcanes Occidentales, Portugal, España, Grecia, Turquía), así como en los países nórdicos (Noruega, Suecia y Finlandia).

En las principales redes ferroviarias, donde los posibles impactos incluyen el pandeo o el torcimiento de pistas, fallas en las pendientes y restricciones de velocidad. La infraestructura en el Mediterráneo (España, Italia, Francia), el norte de Europa y Croacia se encuentran entre las que necesitan una evaluación más profunda.

El calentamiento también se asocia con mayores riesgos de navegación en las vías interiores, con implicaciones significativas para el transporte de bienes y personas, lo que ya es problemático en algunas partes de Europa central.

Michael Fritz
Un científico en frente de una costa de permafrost en la isla de Herschel en Canadá.

• Derretimiento del permafrost

El derretimiento del permafrost traerá importantes riesgos de estabilidad a la infraestructura de transporte por carretera y ferrocarril en las regiones árticas de Europa y Canadá.

La descongelación presenta desafíos significativos para el transporte, con un aumento de costos para desarrollar y mantener la infraestructura. Por ejemplo, muchas carreteras del Ártico están construidas sobre el permafrost, e implican costos sustanciales de mantenimiento, así como restricciones de uso.

Los impactos del deshielo incluyen asentamiento en el suelo, inestabilidad de taludes, problemas de drenaje y grietas, eso puede afectar la integridad estructural y la capacidad de carga de la infraestructura en estas regiones.

Se anticipa que dicha degradación aumentará sustancialmente bajo los aumentos proyectados en la extensión y profundidad del deshielo.

Un llamado para los países

La comisión recomienda a los países de la región europea que participen en los esfuerzos de adaptación al cambio climático, y asegura que continuará recopilando y analizando información de proyectos nacionales y subnacionales para comprender mejor las áreas clave de vulnerabilidad al cambio climático de las redes de transporte.

También les llama a facilitar proyectos e invertir en la evaluación de los impactos, así como en la identificación de medidas de adaptación.

 

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