Combatir con urgencia el cambio climático: algo que podemos y debemos hacer, por Antonio Guterres

31 Mayo 2019

Marcado por su reciente visita a Oceanía para ser testigo de los desastrosos efectos del cambio climático, el titular de la ONU ha publicado un artículo de opinión en el diario británico Finantial Times en el que marca el camino hacia el cambio de un modelo economico basado en las fuentes energéticas a base de combustibles fósiles hacia otro en el que el motor energético sean las energías renovables.

"Salvemos Tuvalú, salvemos el mundo", con este llamamiento António Guterres anima a los Gobiernos de todo el mundo a implicarse sin concesiones en la lucha contra el cambio climático. Por su interés, reproducimos integro la traducción del artículo, que también puede encontrar en la página de Artículos de prensa y opinión del sitio internet dedicado del Secretario General.

“Salvemos Tuvalu; salvemos el mundo”

Este es el clamor que escuché en mi reciente visita a Tuvalu, una de las paradas que hice en mi viaje por el Pacífico para conocer la primera línea de la emergencia climática mundial.

Me desplacé hasta allí para mostrar solidaridad con quienes sufren los peores efectos del cambio climático y llamar la atención sobre las innovadoras medidas que se están tomando en la región para mitigarlos.

El aumento del nivel del mar en algunos países del Pacífico es cuatro veces mayor que la media mundial, lo que amenaza la existencia misma de varios Estados insulares. Los océanos se ven afectados por graves problemas, como la decoloración de los arrecifes coralinos, la pérdida de biodiversidad y la contaminación por plásticos. Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más habituales y ponen en peligro la vida y los modos de subsistencia de las personas.

Estas comunidades apenas han contribuido al cambio climático y sin embargo, por culpa de los grandes emisores de gases, ahora se ven abocadas a luchar por la propia existencia de sus países.

En ningún otro lugar he visto más claramente los efectos catastróficos del cambio climático que en Tuvalu, un remoto país formado por atolones de coral, cuyo punto más elevado no supera los cinco metros sobre el nivel del mar. Durante mi visita, conocí a una familia que vive en un estado de preocupación permanente por las inundaciones que provoca el incesante aumento del nivel del mar, a tan solo unos pasos de su casa.

 Me conmovió profundamente la calidez del pueblo tuvaluano y la intensa devoción que profesa a su tierra, su forma de vida y su patrimonio cultural. Estas comunidades apenas han contribuido al cambio climático y sin embargo, por culpa de los grandes emisores de gases, ahora se ven abocadas a luchar por la propia existencia de sus países.

No debemos caer en el error de pensar que solo Tuvalu, las islas pequeñas o los países del Pacífico corren peligro. Todo el planeta está amenazado. Lo que ocurre en estos países es señal de lo que nos aguarda a todos los demás. En todo el mundo se están comenzando a sentir los efectos de la emergencia climática, y esos efectos no van a dejar de empeorar.

En Tuvalu, me encontré con niños que, pese a su corta edad, temen ya por su futuro y confían en que mi generación haga lo posible por asegurarles un mañana.

Una batalla que no estamos ganando

Como Secretario General de las Naciones Unidas tengo que librar muchas batallas. Pero como abuelo, la lucha contra el cambio climático es la batalla más importante de mi vida.

Lamentablemente, he de decir que no la estamos ganando.

Si queremos salir victoriosos, debemos tener la voluntad política de tomar medidas que conlleven transformaciones.

Debemos reconocer la autoridad moral de los países del Pacífico, que se encuentran en la vanguardia de la lucha contra la emergencia climática. Y debemos encontrar soluciones sostenibles, invertir en energías renovables y aumentar su resiliencia y capacidad de adaptación.

Es esencial alcanzar los claros objetivos que la comunidad científica ha establecido: neutralizar las emisiones de carbono para 2050 y limitar el calentamiento global a 1,5 ºC para finales del siglo.

Cambio profundo

Mi mensaje a los Gobiernos mientras la comunidad mundial trata de alcanzar esos objetivos es, por tanto, claro.

  • En primer lugar, gravar el carbono en vez de los salarios. Debemos imponer tributos a la contaminación, no a las personas.
  • En segundo lugar, dejar de subvencionar los combustibles fósiles. El dinero de los contribuyentes no debe servir para intensificar los huracanes, propagar las sequías y las olas de calor o derretir los glaciares.
  • En tercer lugar, conseguir que, en 2020, se hayan dejado de construir nuevas centrales de carbón. Nuestra economía ha de ser verde, no gris.

Lo que necesitamos es cambiar rápida y profundamente la manera en que conducimos nuestros negocios, generamos electricidad, construimos ciudades y alimentamos al mundo.

Es esencial alcanzar los claros objetivos que la comunidad científica ha establecido: neutralizar las emisiones de carbono para 2050 y limitar el calentamiento global a 1,5 ºC para finales del siglo.

En el último decenio se ha demostrado que tenemos las herramientas necesarias para afrontar la crisis climática. Podemos salvar vidas y bienes, respirar un aire menos contaminado, acceder a un agua más limpia y proteger la biodiversidad. La acción climática también podría generar un beneficio económico directo de 26 billones de dólares de aquí a 2030 frente a la opción de mantener el statu quo, lo que la convertiría en una alternativa rentable.

He convocado una Cumbre sobre la Acción Climática en las Naciones Unidas en septiembre, con la finalidad de movilizar la ambición política y acelerar el cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París de 2015. Pido a los dirigentes que vengan no solamente con discursos, sino con planes para transformar la energía, la movilidad, la industria y la agricultura. Les pido que asuman compromisos para financiar las medidas de lucha contra el cambio climático, no por generosidad, sino por su propio interés bien entendido.

Combatir con urgencia el cambio climático es algo que podemos —y debemos— hacer. Como bien sabe el pueblo de Tuvalu, su salvación será también la nuestra.

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