Los suicidios de jóvenes migrantes son consecuencia de las presiones populistas

4 Octubre 2018

El discurso público sobre los migrantes debe hacerse más “humano y empático” y basarse en la dignidad humana. Un dirigente de la Agencia de la ONU para los Refugiados explicó que, frente al ruido, el parloteo, las declaraciones estridentes, la falta de civismo y el lenguaje hostil, se debe atender “la voz de la razón”.

Durante la reunión anual del comité ejecutivo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, el responsable del área de Protección Internacional, Volker Türk, describió como “paradójica” la evolución de la protección de los refugiados durante el último año.

Por un lado, destacó el enfoque multilateral que condujo a 193 Estados miembros a elaborar el Pacto Mundial para los Refugiados, “un éxito del multilateralismo en un momento en que se ha politizado el debate” sobre ellos.

Por otra parte,  “somos testigos de las consecuencias de las presiones populistas y de la elusión de responsabilidades: cuando los niños se dan cabezazos contra la pared, desesperados, porque están separados de sus padres o languidecen detenidos; cuando jóvenes solicitantes de asilo se suicidan después de haber sido retenidos y maltratados en centros de internamiento sin perspectivas de futuro; cuando se niega la reunión familiar a una sobreviviente de una violación en grupo bajo el pretexto que podría crear un efecto llamada”.

Türk manifestó que la actual crisis “no es de números, sino de una mala gestión de los refugiados” y que se usa “para fomentar el miedo y justificar medidas contraproducentes que no tienen en cuenta los principios de protección”.

La dignidad humana no puede ser sustituida por intereses políticos o de otro tipo. No puede ser fraccionada sólo a ciertos grupos… 

Ante “el ruido, el parloteo, las declaraciones estridentes, la falta de civismo y el lenguaje hostil” ante temas como los refugiados, las mujeres o el cambio climático abogó por crear un espacio donde se escuche “la voz de la razón”, una voz que no sea “grosera o efímera”, sino más bien “apacible y orgánica”, que nos recuerde lo que significa “ser tratados con decencia y respeto”.

Frontex/Francesco Malavolta
Un grupo de migrantes cruza el Mediterráneo en un barco de rescate belga.

Cinco puntos básicos

Para lograr llevar a cabo el debate sereno de la razón, Türk desarrolló cinco puntos básicos.

En primer lugar, destacó que el desarrollo y la implantación progresiva de leyes y normas de protección de los refugiados han de contemplar la dignidad humana.

“La dignidad humana no puede ser sustituida por intereses políticos o de otro tipo. No puede ser fraccionada sólo a ciertos grupos… Tenemos que centrarnos en captar la voluntad política, no sólo de los gobiernos, sino de las sociedades en su conjunto, de comprometerse con las leyes basadas en el respeto de la dignidad y de aplicarlas”.

A continuación, mencionó que el respeto a la dignidad ha de servir como antídoto contra la deshumanización ya que ésta es resultado de la “desinformación” y nos impide ver al prójimo como a un ser humano con “derechos, necesidades y dignidad”.

El tercer objetivo se fundamenta en que el respeto de la dignidad debe ir unido al derecho a una nacionalidad que reconozca a las personas como sujetos de derecho, dotados de dignidad y, por tanto, con derecho a una identidad jurídica.

A pesar de ello, indicó que persiste la apatridia, “a menudo sin ser vista ni escuchada”. Estas personas “se sienten invisibles como si hubieran caído en el olvido y no importaran". Türk puso como ejemplo su visita a los refugiados rohinyá hace un par de años.

Asimismo, destacó que el respeto a la dignidad humana ilustra la necesidad del multilateralismo en un mundo interdependiente, especialmente en cuestiones transfronterizas como los movimientos de personas.

En este apartado, calificó como “sorprendente” que algunas naciones “que más se han beneficiado de la cooperación y el comercio internacional se encuentren entre los menos dispuestos a formar parte de los marcos internacionales o regionales sobre movimientos de población, incluidos los refugiados".

En último lugar, señaló la responsabilidad de garantizar la “seguridad y dignidad” de las futuras generaciones tratando de resolver las cuestiones que conducen al desplazamiento forzado. Entre estas destacó como la prioridad más alta los conflictos armados, seguido por el analfabetismo y el hambre. 

Destacó que la situación que vivimos actualmente es una “anormalidad”.

“La norma es, y seguirá siendo, los cimientos sobre los que se construyó la Carta de las Naciones Unidas: un orden internacional basado en reglas, una confianza absoluta en el multilateralismo y las reivindicaciones de la Declaración Universal de Derechos Humanos”, dijo Türk.

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