Las tabacaleras están quemando nuestro medioambiente

3 Octubre 2018

El tabaco mata. Al reflexionar sobre esta evidencia relacionamos automáticamente el consumo de tabaco como un peligro para la salud pública, pero raramente pensamos en el consumo de este producto como una amenaza al medio ambiente y al desarrollo sostenible.

La Secretaría del Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco se ha propuesto rellenar ese vacío y acaba de presentar un informe en Ginebra donde advierte de las negativas causas que el tabaquismo produce a los ecosistemas y al progreso sustentable. La presentación tuvo lugar en el marco de la octava sesión de la Conferencia de las Partes.

El estudio presenta datos sorprendentes como, por ejemplo, que una persona que fuma una cajetilla de 20 cigarrillos al día durante 50 años es responsable del consumo de 1,4 millones de litros de agua.

O como nos cuenta Rodrigo Santos Feijo, Oficial técnico de la Secretaría: “En un año un fumador contribuye casi cinco veces más al agotamiento del agua, casi dos y diez veces más al agotamiento de combustibles fósiles que el consumidor medio de carne roja y el de azúcar, respectivamente; y cuatro veces más al cambio climático que un consumidor de azúcar”.

Destrucción del medioambiente

El informe indica que la producción del tabaco está directamente ligada con la deforestación, la contaminación del agua por uso de pesticidas y la acidificación de los suelos, entre otras causas. Feijo nos explicó las dos causas principales de la deforestación.

“Una es que para tener el espacio suficiente para cultivar el tabaco se necesita ’limpiar’ el campo y se han de arrancar árboles para llevar a cabo esta tarea. La otra es que para producir tabaco, su hoja necesita de un proceso de secado que normalmente se hace a través de (la quema de) madera o carbón contribuyendo a la emisión de gases de efecto invernadero y la deforestación”.

La respuesta a estos problemas es aplicar el Convenio Marco, un tratado que cubre a más del 90% de la población mundial, según apuntó la Dra. Vera Luiza da Costa e Silva, Jefa de la Secretaría.

El cultivo se concentra en nueve países en desarrollo

Si cambiamos de óptica y nos trasladamos al ámbito nacional vemos un enorme desequilibrio entre países productores. De los diez principales países fabricantes de tabaco, que concentran el 90% del cultivo, nueve están en desarrollo y, entre estos, cuatro son naciones de bajos ingresos con déficits alimentarios como es el caso de la India, Zimbabwe, Pakistán y Malawi.

Feijo nos comenta que uno de los problemas que genera esta situación es que el cultivo de la planta se produce en los países en desarrollo, pero que en realidad las compañías de tabaco son transnacionales y tienen sus sedes en países desarrollados que es donde van a parar todos los beneficios. 

El dr. Nicholas Hopkinson, coautor del informe, definió el comportamiento de las empresas multinacionales tabacaleras de estar “literal y metafóricamente quemando los recursos y el futuro de las personas más vulnerables de nuestro planeta”.

Foto PNUD: Riccardo Pravettoni.
Deforestación en Brasil.

Reconversión de cultivos

Otras de las paradojas que destaca el informe es el bajo consumo de tabaco a nivel local cifrado en un 20% de la producción.

Un claro ejemplo de esta situación se produce en Brasil. El país exporta la mayoría de su producción al mercado exterior y figura en el listado de los diez principales cultivadores de tabaco, pese a ser una de las naciones con las políticas de control de tabaco más rigurosas a nivel mundial, apunta Feijo.

Pero este escenario se verá alterado en el futuro ante la disminución de consumidores y de la demanda de tabaco. Una situación que ha de preocupar a los países que, en parte, basan su economía en el cultivo de esa planta.

En estos casos, Feijo indicó que el Convenio Marco ofrece políticas, contempladas en su artículo 17, para ayudar a los productores de tabaco a cambiar a cultivos o actividades alternativas. El experto nos explicó cómo se aplicó la experiencia en Brasil a través de un programa nacional de diversificación del cultivo de tabaco.

 “Es un programa que nos ha mostrado que es posible hacer esta reconversión. Lo que sucede es que los proyectos en Brasil se han aplicado con un perfil bajo y no como una política pública bastante expansiva.”

Sin embargo, añadió “las experiencias nos han demostrado que cambiar de tabaco para la producción de productos orgánicos, es una posibilidad que trae no solo beneficios en términos de salud de los productores de tabaco sino también económicos”.

Feijo explicó que, como estipula el Convenio Marco, los países tienen el compromiso de proteger las políticas públicas de las intromisiones de la industria tabacalera, ya que el interés de estas difiere del interés de salud pública.

“El informe propone que los países puedan considerar que las tabacaleras tengan que pagar algún tipo de compensación por los factores externos ambientales que causan, pero esto no significa que las tabacaleras estén incluidas y participen del desarrollo de políticas públicas”.           

El freno al desarrollo

El informe también destaca que el impacto ambiental del tabaco y sus implicaciones negativas para la salud, sociales y económicas, lo hacen incompatible con la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, en particular con los Objetivos de producción y consumo responsables (12), la acción climática (13), la vida submarina (14) y la vida de ecosistemas terrestres (15).

Por esa razón, Feijo indica que trabajar sobre el control del tabaco es una manera de acelerar el alcance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ya que “cuando pensamos en control de tabaco pensamos en la mejora de la salud, pero también es una cuestión que sirve reducir el hambre ya que podremos producir más alimentos, y vemos ahora que también está relacionado con el medio ambiente.

La implementación del Convenio Marco impacta positivamente en casi todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, finalizó el experto de la OMS.

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