La doble crisis humanitaria de los rohinyás en Myanmar y Bangladesh
La situación de los rohinyás en Bangladesh es muy difícil pero no debe olvidarse a los que aún viven en Myanmar, donde el acceso humanitario ha empeorado significativamente en el último año según la subsecretaria de la ONU para Asuntos Humanitarios.
Ursulla Mueller comentó este martes su reciente visita de seis días a Myanmar, donde se reunió con autoridades y desplazados internos y fue testigo de la difícil situación que se vive en estados como el de Rakhine.
Además de los cerca de 700,000 refugiados rohinyás que han huido a través de la frontera con Myanmar, otros 400,000 viven en "situación difícil" dentro del país, sin acceso a servicios de salud o educación, informó Mueller este martes.
“Proteger a los más vulnerables en Myanmar debe estar en el centro de la respuesta humanitaria de la comunidad internacional y del Gobierno. Sin importar donde estén, o cuál sea su etnia, religión o ciudadanía, debemos trabajar juntos para que nadie esté privado de la protección y de la ayuda humanitaria”, expresó la subsecretaria ante la prensa.
Mueller mantuvo conversaciones con funcionarios gubernamentales sobre la difícil situación de la minoría étnica mayoritariamente musulmana basada principalmente en el estado de Rakhine.
También se reunió con el consejero de Estado y Premio Nobel Daw Aung San Suu Kyi, con quien habló sobre la importancia de "acabar con la violencia", y alcanzar la paz y la reconciliación.
“En esta reunión, reafirmé el compromiso de las Naciones Unidas de apoyar la paz, la estabilidad y el desarrollo en Myanmar y ofrecí el apoyo continuo de la ONU para garantizar que todas las personas afectadas por conflictos y desastres naturales reciban la protección y asistencia que necesitan”, dijo Mueller.
En el estado de Rakhine, la funcionaria visitó campamentos donde unas 130,000 personas, la mayoría de las cuales se identifican como rohinyás, permanecen confinadas en condiciones deplorables después de casi seis años de desplazamiento.
En el municipio de Maungdaw, se reunió con las comunidades locales afectadas por la violencia del año pasado y visitó un nuevo sitio de tránsito de retorno de refugiados que el Gobierno está construyendo, así como algunos proyectos de viviendas nuevas y zonas en las que aldeas fueron quemadas o demolidas.
“Hay una crisis humanitaria en ambos lados de la frontera entre Bangladesh y Myanmar que está afectando al grupo más grande de apátridas del mundo”, expresó.
La tragedia que se desarrolla en los campamentos de Cox Bazar es terrible pero que no debe olvidarse a los 400.000 musulmanes que aún viven en el estado de Rakhine, quienes siguen enfrentando una vida de marginación debido a la restricción de su libertad de movimiento.
Mueller recalcó que estas restricciones comprometen gravemente sus derechos y obstaculizan su acceso a la salud, los medios de subsistencia, la protección, la educación y otros servicios esenciales.
Sobre el regreso de los refugiados en Myanmar, la funcionaria dijo que las condiciones solo pueden alcanzarse si se abordan los problemas críticos como la libertad de circulación, la cohesión social, los medios de subsistencia y el acceso a los servicios.
“La Comisión Asesora del Estado de Rakhine ha proporcionado una hoja de ruta importante hacia un futuro mejor para todas las comunidades allí, pero sus recomendaciones deben aplicarse de manera integral e imparcial, en el espíritu en que fueron escritas”, dijo la subsecretaria humanitaria.
También resaltó que si los consejos de esta comisión liderada por el exsecretario general Kofi Annan se aplican, las vidas de las personas más pobres se verán profundamente transformadas.
La violencia se extiende más allá de Rakhine
El acceso humanitario en Myanmar ha empeorado significativamente en el último año, no solo en Rakhine sino también en los estados de Kachin y Shan. “Cuando cortas esa línea humanitaria, hay un impacto humano muy real”, recalcó la funcionaria.
Agregó que al menos 10.000 personas han sido recientemente desplazadas o reubicadas por combates entre los militares de Myanmar y los grupos armados étnicos en los estados de Kachin y Shan desde el comienzo del año, mientras que unas 100.000 personas siguen desplazadas como resultado del conflicto entre las autoridades y el Ejército de Independencia de Kachin que se reinició en 2011.
“El conflicto en Kachin es uno de los más antiguos del mundo, sin embargo, es una crisis humanitaria olvidada”, alertó Mueller, asegurando que constantemente se producen enfrentamientos cerca de campos de desplazados y zonas civiles y que aún se ponen minas antipersonales en los campos y carreteras.
La subsecretaria llamó a todas las partes para que garanticen la protección de todos los civiles de conformidad con el derecho internacional.
La prevención de desastres
Durante su misión Mueller discutió formas de fortalecer la preparación y respuesta ante desastres. Myanmar es uno de los países más propensos a los desastres en el mundo. “Precisamente la última vez que la visité fue hace casi diez años en la tragedia del ciclón Nargis”, recordó.
La funcionaria dijo que, si bien los esfuerzos de reducción del riesgo de desastres deben mejorarse aún más, el Gobierno y las organizaciones nacionales han logrado excelentes progresos en los últimos años en la creación de capacidad nacional para la preparación y respuesta en casos de desastre.
Mueller reiteró que se necesita con urgencia más fondos para el Plan de respuesta humanitaria de Myanmar para 2018, que exige 183 millones de dólares para satisfacer las necesidades de 832,000 personas en los estados de Rakhine, Kachin, Shan y Kayin.