Ser mujer y huir de su país, las barreras educativas de las niñas refugiadas

8 Marzo 2018

“Su turno”, un nuevo informe de Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, revela que los niños refugiados tienen el doble de posibilidades de acceder a educación que las niñas, que representan más de la mitad de la población en edad de escolarización.

El acceso a la educación es un derecho humano reconocido por la Carta de las Naciones Unidas. No obstante, millones de jóvenes se ven privados de ella, y la situación empeora notablemente en el caso de las refugiadas, que se enfrentan a dos barreras: su género y su origen.

De acuerdo con el informe, la falta de formación multiplica los desafíos de la vida en el exilio, como encontrar trabajo, conservar la salud y mantener la dignidad. El documento señala que “los estudiantes de hoy serán los líderes del mañana” y, por lo tanto, los limites educativos de los refugiados frenan sus posibilidades de futuro.

En la actualidad, la educación dista de convertirse en su realidad para convertirse en su sueño. Solo un 61 % de ellos tienen acceso a educación primaria, un 23 % a educación secundaria y un 1 % a la universidad, lo que contrasta con el 91 %, 84 % y 34 % global, respectivamente.

Pero la situación es todavía más desalentadora para las niñas refugiadas que, a medida que crecen, la brecha de género lo hace con ellas: tienen la mitad de posibilidades que los jóvenes para acceder a educación.

Según el documento, las convenciones sociales y culturales otorgan prioridad a los niños para que asistan al colegio. Además, el declive de las condiciones sanitarias impone barreras a las mujeres, que, por ejemplo, en muchos países se quedan en sus casas por carecer de compresas higiénicas.

En este sentido, la condición de refugiadas levanta nuevos obstáculos, como los costes del material escolar, el transporte o los uniformes. Pero estos no son solo económicos, sino que un aspecto de especial relevancia se esconde tras la vulnerabilidad de las niñas refugiadas ante la explotación, la violencia sexual y los embarazos y matrimonios precoces. 

Hay que superar barreras increíbles. Estamos pidiendo ayuda internacional para cambiar el rumbo.

La educación genera prosperidad

El Banco Mundial afirma que el acceso de las refugiadas a la educación resulta fundamental para garantizar el bienestar de sus familias y comunidades, dado que les permite adquirir conocimientos y habilidades para fomentar su autosuficiencia y espíritu empresarial. “Si continuamos denegando la educación a las niñas refugiadas, las consecuencias nos perseguirán durante generaciones”, declaró Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, y añadió: “ha llegado el momento de que las niñas refugiadas se conviertan en una prioridad”.

Según el informe del Alto Comisionado para los Refugiados, si las jóvenes completaran sus estudios de primaria, los matrimonios precoces disminuirían un 14 % y, en el caso de la educación secundaria, descendería hasta un 64 %. Y la educación no solo las favorecería a ellas, sino a todo el mundo. De hecho, en los países donde existe igualdad de acceso para hombres y mujeres, la renta per cápita se dispara hasta un 23 %.

Cómo ayudar a las niñas refugiadas

El informe propone una serie de políticas que fomenten el acceso de las refugiadas a educación. Entre las medidas se destaca la importancia de formar y contratar a más profesoras tanto en las comunidades de acogida como entre los refugiados, para que adquieran un mayor protagonismo en el sector y sirvan de ejemplo para las nuevas generaciones.

También se trata de que haya espacio en las aulas, de que el camino al colegio no sea largo ni peligroso y que las instituciones reúnan las condiciones mínimas para satisfacer las necesidades de las jóvenes. Además, se deben emprender medidas para luchar contra el abuso, el acoso y la violencia.

Otro aspecto esencial es alentar a los padres a que sus hijos vayan al colegio. Para ello, se organizarían reuniones con los profesores y se trataría de proporcionar luz y energía, para que los niños no tengan que pasar horas colectando madera.

“Encontrar soluciones a los desafíos a los que se enfrentan las niñas refugiadas para ir al colegio requiere actuar a todos los niveles, desde los ministerios de Educación hasta los centros de formación de profesores y las aulas”, añadió Grandi.