Víctimas de bombas en racimo son civiles que desempeñan faenas diarias

16 Mayo 2007

Los 440 millones de bombas en racimo sembradas en distintas partes del mundo convierten a hogares y áreas sociales en verdaderos campos de minas.

Así lo sostiene un informe titulado “Círculo de Impacto”, divulgado simultáneamente en Londres y en Ginebra por la organización Handicap International (HI) y el Instituto de Naciones Unidas para la Investigación sobre el Desarme (UNIDIR).

El libro detalla el impacto duradero de estas armas y los daños económicos y sociales que provocan en 24 países. Según el documento, los más afectados son fundamentalmente hombres y niños que desempeñan labores cotidianas para ganarse la vida, como el cultivo de la tierra y el pastoreo.

La publicación se da a conocer una semana antes del inicio en Lima de una reunión para discutir el borrador de un nuevo tratado para prohibir las municiones en racimo.

Rae McGrath, portavoz internacional de la red de Handicap International, dijo que “con todas las pruebas de que se disponen sobre su impacto, es una ofensa a todas las normas humanitarias continuar utilizando estas armas”.

Las bombas en racimo constituyen un grave peligro porque cuando se lanzan cubren una enorme área y algunas quedan sin explotar aún después de concluir un conflicto.

Según HI, esas armas han causado la muerte o la mutilación de más de 4.000 civiles desde que la Guerra del Golfo llegó a su fin en 1991. El 60 por ciento de los afectados fueron niños.

 

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