CEPAL exhorta a debatir sobre derechos humanos de migrantes de América Latina
En un documento sobre migración internacional y desarrollo en la región, la CEPAL también plantea la gobernabilidad de la migración internacional desde una perspectiva latinoamericana e insta a facilitar la movilidad y a potenciar los aspectos positivos de este fenómeno.
México, la Comunidad del Caribe y Colombia, tienen la mayor cantidad de emigrantes, superando el millón de personas en cada caso. Otros nueve países sobrepasan el medio millón (Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Perú y República Dominicana) cada uno.
En varios países caribeños más de 20% de la población se encuentra en el exterior, mientras que en América Latina los porcentajes más altos corresponden a Cuba (8,7), El Salvador (14,5), México (9,4), Nicaragua (9,6), República Dominicana (9,3) y Uruguay (8,3).
Estados Unidos sigue siendo el principal destino de esta población. Hacia el 2004 había 18 millones de inmigrantes provenientes de la región, quienes junto a sus descendientes nacidos allá constituyen la primera minoría étnica del país, y de los cuales casi la mitad vive en forma indocumentada.
El estudio de la CEPAL registra también la ampliación y diversificación de los destinos de la migración. Desde los años noventa ha aumentado el número de latinoamericanos que se dirige a Europa (en particular a España), Japón y Canadá, que se estima en tres millones de personas.
Argentina, Costa Rica y Venezuela se mantienen como los principales destinos de la migración intraregional, aunque ahora hay países que combinan su condición de receptores con la de emisores, de tránsito y retorno (varios Estados insulares del Caribe, México, los países del Istmo Centroamericano y algunos del Cono Sur). Estos migrantes suman tres millones y se desplazan entre países fronterizos o geográficamente cercanos.
Actualmente, la mitad de los migrantes internacionales de la región son mujeres.
La migración calificada sigue causando pérdidas para los países emisores, y el potencial beneficio a través de la circulación y del retorno no parece materializarse.
Otro rasgo novedoso de la migración es el gran crecimiento de las remesas, que se han transformado en una de las principales fuentes de financiamiento externo para la región. México, Brasil y Colombia concentran más del 60% de las remesas percibidas en la región, y un 20% es captado por Guatemala, El Salvador y República Dominicana.
Las remesas reflejan la vinculación de los trabajadores migrantes y son un apoyo a la economía nacional que desafía a las políticas públicas. En países como Haití, Nicaragua y Honduras representan el 24%, 11% y 10% del Producto Interno Bruto (PIB), respectivamente, y en economías más grandes como las de El Salvador y República Dominicana, el 14% y el 10%. Un estudio reciente de la CEPAL indica que su repercusión en términos de pobreza en toda la población es poco significativa, si bien para los hogares que las reciben son un ingreso estratégico.
Además de ser una salida al desempleo y la falta de oportunidades, la migración internacional acarrea crecientes riesgos y vulnerabilidades. Los derechos humanos de muchos migrantes, ya sea a lo largo de sus travesías, durante su inserción en las sociedades de destino o durante el proceso de repatriación, suelen ser vulnerados de manera alarmante, señala la CEPAL.
En América Latina y el Caribe se da ahora una importante experiencia en torno a la gobernabilidad migratoria, posible de aprovechar para adoptar posturas conjuntas, y promover buenas prácticas con vistas al diálogo de alto nivel sobre migración internacional y desarrollo previsto por las Naciones Unidas para este año.