21 Marzo 2021

Debemos garantizar que los avances que nos han proporcionado las nuevas formas de control de las enfermedades no se limite a los países ricos, sino que posean un alcance global, afirma la líder científica de la agencia de la ONU encargada de velar por la salud mundial.

A principios de los años 90, la científica jefa de la Organización Mundial de la Salud, la doctora Soumya Swaminathan, consiguió recaudar fondos para suministrar medicamentos antirretrovirales a personas afectadas por la pandemia del VIH. Muchos de los hijos de esos pacientes siguen vivos hoy gracias a su trabajo.

Swaminathan ha compartido ahora sus experiencias, ideas y conocimientos con la responsable del Departamento de Comunicación de la ONU, Melissa Fleming.

© UNICEF/Miléquêm Diarassouba
Una trabajadora de salud de Côte d'Ivoire recibe su vacuna COVID-19 a través de COVAX.

Conseguir vacunas para los más necesitados

"En repetidas ocasiones hemos visto que los productos fabricados en los países de renta alta tardan décadas en llegar a los países de renta baja. Esto ha ocurrido con las pandemias de gripe, con el VIH y con las vacunas contra la hepatitis B.

Estas últimas vacunas, por ejemplo, tardaron 30 años en llegar a los países en vías de desarrollo, y esa es exactamente la razón por la que se creó COVAX (el plan liderado por la ONU para distribuir equitativamente dos mil millones de vacunas contra el COVID-19 a los países más pobres, principalmente), para asegurarse de que, a medida que se elaboran las vacunas, también hay equidad en el acceso.

Creo que fue una buena decisión y que va a tener éxito. Tras aprender la lección del VIH y de todas las otras enfermedades para las que el mundo más rico encontró tratamientos y vacunas, por primera vez tengo muchas esperanzas de que COVAX lleve las vacunas a todos los países y para todas las personas del mundo. La financiación ha tardado, pero por fin está en marcha y hay esperanzas.

University of Oxford/John Cairns
Solo excepcionalmente debe extenderse el periodo en la administración de las dos dosis de la vacuna contra el COVID-19 de Pfizer/BioNTech. En la imagen, una científico de la Universidad de Oxford examina unas muestras durante el desarrollo de otra vacuna.

La pandemia de COVID-19 como oportunidad para progresar

Para mí es muy positivo lo que sucedió durante el año pasado a nivel científico y colaborativo, en especial el hecho de que la gente haya estado tan dispuesta y abierta a compartir conocimientos. Ha ayudado a la OMS a adelantarnos a los acontecimientos, y creo que es la razón por la que se han conseguido tantas vacunas candidatas.

Por supuesto, sigue habiendo una brecha tecnológica entre los países de ingresos altos, medios y bajos, y queremos centrarnos en reducir esa brecha permitiendo una transferencia de tecnología, especialmente para algunas de estas nuevas plataformas tecnológicas como las vacunas de ácido ribonucleico mensajero (ARNm), las producidas por las empresas farmacéuticas Pfizer y Moderna, que ofrecen la posibilidad de poder adaptarse muy rápidamente a las variaciones de COVID-19, así como de crear vacunas contra nuevos patógenos.

Se trata de una plataforma perfecta para la respuesta a la pandemia. Ahora es cuando el mundo debe pensar en llegar al final de esta pandemia, pero al mismo tiempo, en prepararse para la próxima, asegurándose de que esta tecnología no se limite a unos pocos lugares, sino que esté disponible más ampliamente, y pueda utilizarse para controlar algunos de los otros grandes problemas de salud pública, como la tuberculosis.

La tuberculosis, esa carga mortífera

He desarrollado la mayor parte de mi carrera en la investigación de la tuberculosis, del VIH y de otras enfermedades infecciosas. Los pacientes de tuberculosis suelen proceder de los sectores más pobres de la sociedad, así que he estado en todos los barrios marginales de la ciudad india de Chennai y conozco las condiciones en que viven esos pacientes.

Esa experiencia me permitió comprender mejor por qué un enfoque puramente biomédico no suele funcionar en una enfermedad como la tuberculosis, en la que hay tantos factores de riesgo sociales, económicos y ambientales que la propician.

UNICEF/Vinay Panjwani
En India, un hombre acude a centro sanitario para una prueba de tuberculosis.

Anualmente mueren un millón y medio de personas de tuberculosis. Es una enfermedad que se cobra un peaje muy alto y, sin embargo, nos acostumbramos a enfermedades mortales que a menudo son invisibles porque afectan a los pobres.

En un país como la India sería noticia la muerte de una persona por dengue en una ciudad, en cambio si el mismo día se produjeran 1000 muertes por tuberculosis no saldría en ningún noticiero.

Tal vez, la lección que nos deja la pandemia de COVID-19 es que, como vivimos en un mundo globalizado, no se necesita demasiado para que una enfermedad que empieza en una parte del mundo viaje e infecte a personas de otros países.

Espero que a partir de ahora se produzca un nuevo modelo de salud pública, que no se centre sólo en un país, sino que piense realmente en la seguridad sanitaria mundial. Y no sólo hay que pensar en los humanos, sino también en los animales y en el medio ambiente, porque sabemos que las pandemias surgen de las interacciones entre los animales, los humanos y el medio ambiente".

 

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